Pero
nunca, sin saber bien por qué, dejarán de mirar hacia arriba los niños del
parque. Es habitual verlos rodeados de
vendedores de globos ávidos de su solícita mirada. Después, cuando el cordel se
desliza entre sus delicados dedos para perderse en el cielo, se quedan
embelesados.
Aquel
día sin embargo, no eran los únicos. Una gran multitud contemplaba extasiada lo
que acababa de suceder. Un globo se
elevó hasta el infinito para a continuación dar paso a siete esferas luminosas,
las cuáles, transmitieron paz y bienestar hasta desaparecer.
Ellos,
continuarán mirando.

No hay comentarios:
Publicar un comentario