Las besa con suma conciencia para no equivocarse desde que tiempo atrás quedó postrado en su perenne trono. El imperativo de besar a todas las mujeres bellas del reino provocó su maldición, siendo escenificada por los letales y delicados labios de una ninfa. Se sucedieron las estaciones y con ellas la esperanza de saborear de nuevo el castigo, ya que el objetivo de su búsqueda no era la venganza si no volver a disfrutar lo vivido, lo que pudo ser, lo deseado…
Ahora sufre cada instante
rogando que sea ella quien le bese por última vez; así todo acabará con el eterno recuerdo.

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