
A León siempre le había gustado la arquitectura. De hecho, como todos los días, se dirigía en metro a su estudio donde disfrutaba creando formas y diseños de estilo clásico. Sin embargo, la música nunca había formado parte de sus aficiones. Aquella mañana, cuando tomó asiento en uno de los vagones, llegó a sus oídos el melancólico sonido de una flauta que le trasladó a un mundo pasado, un lugar al cual siempre imaginó que pertenecía.
Tendré
que felicitar al conductor por su exquisita elección, pensó. La megafonía
anunció su parada y se dispuso a salir. Nada más abrirse las puertas, penetró
en un hermoso jardín envuelto por la fragancia floral y el rumor del agua. Embriagado por la bella imagen, vio una resplandeciente ninfa acariciando el
arpa. Y León se deleitaba…
No hay comentarios:
Publicar un comentario