
Van a ir a comprarse un vestido nuevo y un helado, pero al pasar delante del escaparate se detienen. Valeria, apretando la mano de su padre, tira de él hasta entrar en el local. Avanzan y entre la muchedumbre distinguen un robot fascinando con sus piruetas a los presentes. Se encuentran en una tienda de juguetes, en la cual los niños enloquecen guiando a sus diabólicas máquinas en duelos sanguinarios. “¡ Demonios !” pensó, qué fue del juego libre y armonioso sin violencia. Encaminándose hacia la salida Valeria ve una pecera, se aproximan y contemplan su interior; coloridos peces robot surcan el agua mientras un calamar naranja yace en el fondo.
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