“Escribe
punto y seguido”, le espetó el Señor Equis al Señor Hache. Habían sido
confinados en los calabozos de la Academia de la Lengua por sus malas prácticas
lingüísticas y ahora, mientras aguardaban su comparecencia ante el consejo de
académicos, preparaban su discurso de defensa basándose en la invasión de los
barbarismos. Buena parte de su éxito consistía en la sobriedad de su oratoria,
eso sí, sin tener faltas de ortografía que les condenarían irremisiblemente a perder
su sillón en la Academia y a caer en el más absoluto ostracismo.
Y así finalizó el discurso el Señor Hache: “señores
académicos, emos concluido”.

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