Acuérdate
de lanzar mis cenizas al mar después de incinerarme, le dijo Cipri a Serafín
mientras cavaban una fosa en el cementerio. Eran hermanos y herederos de una
larga tradición familiar de
enterradores. Varias generaciones descansaban bajo tierra, ostentando además el
récord de sepulturas dadas en la provincia. Serafín no podía permitir semejante
osadía, y en plena discusión intentó dar un palazo a su hermano, con tan mala
suerte que se cayó al hoyo y perdió el conocimiento. Así que a Cipri no le
quedó más remedio que continuar con la tradición.

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