"El día
que coja una ola inmensa puede que caiga al agua", pensaba mientras se disponía a introducirse en el mar. El surf era su
pasión, recorriendo medio mundo en busca de las mejores olas. Aquella mañana el
océano estaba encabritado y ningún surfista se atrevía a desafiar a Neptuno,
pero a él le motivaban los retos imposibles. Embutido en su traje de neopreno y
subido a su inseparable tabla, se deslizó sobre una ola gigantesca jamás
vista. Después, tras la espuma y la
emoción, desapareció sin dejar rastro. Bueno, hay quien dice haberlo visto
surfear en alguna lejana playa…

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