sábado, 16 de abril de 2016

¡Maldita sea!







Acuérdate de lanzar mis cenizas al mar, le dijo Sergio a Iván mientras daba otra calada a su pitillo. Los dos amigos tramaban historias con la que entretenerse durante el sopor de las tardes de verano. La última idea consistía en llenar botellas con la ceniza de sus cigarros simulando ser los restos de un difunto. Las acompañaban  de una nota donde explicaban la última voluntad del fallecido.
         A finales de Agosto, Sergio e Iván recogieron una botella idéntica  que les trajo la marea. Al destaparla leyeron su mensaje:
“¡Maldita sea, dejad de contaminar el mar!”




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