Acuérdate
de lanzar mis cenizas al mar, le dijo Sergio a Iván mientras daba otra calada a
su pitillo. Los dos amigos tramaban historias con la que entretenerse durante
el sopor de las tardes de verano. La última idea consistía en llenar botellas
con la ceniza de sus cigarros simulando ser los restos de un difunto. Las
acompañaban de una nota donde explicaban
la última voluntad del fallecido.
A finales de
Agosto, Sergio e Iván recogieron una botella idéntica que les trajo la marea. Al destaparla leyeron
su mensaje:
“¡Maldita sea, dejad de contaminar el mar!”

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