lunes, 8 de febrero de 2016

Amor caduco






Vivir a lo grande de los bienes gananciales, era el sueño de Argón. Clea, su mujer, era propietaria de la mayor factoría de androides de la galaxia. Un día, durante un crucero interestelar, Clea le confesó que por sus venas no corría  sangre sino los impulsos eléctricos que le proporcionaban vida artificial. Además, su existencia tenía caducidad; apenas le restaban unos meses para su desconexión. “No te preocupes amor, no me importa que seas un humanoide”, le dijo Argón con hipocresía. De repente, mientras la besaba, un cortocircuito les separó los labios para siempre. Argón había caducado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario