Los
duelistas se citaron al segundo amanecer del año bisiesto. El motivo: la ignominia.
Los protagonistas: un monárquico y un republicano en compañía de sus acólitos.
El lugar: un paraje de la campiña francesa sumido en el silencio; un silencio roto
sólo por el sonido de las pistolas y el entrechocar del frío metal. Tras el
duelo, llegó la extenuación y el desagravio. Caídos los brazos y la barrera de
la sinrazón, se dio paso al entendimiento. Formaban parte de su lista, la
empatía y el diálogo…teñidos de sangre.

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