viernes, 5 de febrero de 2016

Inmersión







Subir de nuevo al camarote era lo que más le gustaba. Eso y corretear por los pasillos para terminar chocándose con alguien. Después reanudaba la carrera mientras se desternillaba de risa. Un día, estando inmersa en sus travesuras, sintió un gran impacto acompañado de un ruido ensordecedor. A continuación, el lugar se transformó en un tremendo caos agravado por los espeluznantes gritos de la gente que corrían de un lado a otro sin terminar de saber muy bien el porqué. La niña subió de nuevo a la habitación para sumergirse por siempre en las frías aguas del océano.

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