Era de los pocos
detectives honrados que quedaban en la ciudad. Sus contactos en las altas
esferas le proporcionaban información privilegiada, pero también le granjearon
poderosos enemigos. Amenazado de muerte, meditaba huir con su familia a un
lugar seguro, hasta que una misteriosa llamada le hizo cambiar de idea.
Convencido por la desorbitada oferta aceptó acudir a la cita, aunque alertado
por el peligro. Una vez en la dirección convenida y pistola en mano, empujó
lentamente la puerta entornada. Sobre una mesa, reposaba una nota con el
encargo: debía investigar su propio asesinato.

Un texto estupendo. Javier; como en la serie negra, lo importante es el asombro de cierre que invita al lector a la relectura. Abrazos desde Rivas.
ResponderEliminarGracias por tus valiosas palabras. Un abrazo José Luis.
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